La hora se inclina y me toca
con claro golpe metálico:
me tiemblan los sentidos. Yo siento: lo puedo,
y sujeto el día plástico.
Nada se había consumado antes que yo lo viera
y cada devenir se había detenido.
Mis miradas han madurado, y cual novia
le llega a cada quien la Cosa que desea.
Nada me es tan insignificante y a pesar de ello lo amo
y lo pinto grande sobre fondos dorados,
y lo alzo y no sé a quién
le desata el alma.
Vivo mi vida en círculos crecientes
que se extienden por sobre las cosas.
Quizá no concluya el último,
pero lo intentaré.
Giro alrededor de Dios, de la viejísima torre,
y giro a lo largo de milenios.
Todavía no sé si soy águila, una tempestad,
o un gran cántico.